- Parte I: Suave nena, suave, suavecito nena)
- Parte II: Amiguitos del ZunZuneo
- Parte III: Modérate, mi amor
Llama la atención que existiendo países
de nuestra región con muchos más problemas sociales que Cuba -violencia,
insalubridad, desnutrición, narcotráfico,
etc- y menos producción académica, artística e intelectual que los
aborde, los medios de comunicación, algunas ONGs, la industria cultural
y los gobiernos de países europeos miembros de la OTAN dedican
proporcionalmente muchos más recursos y espacios a estimular el abordaje
de la problemática interna cubana que a indagar en ninguna otra nación
de nuestro entorno. Por ejemplo, como he dicho antes,
en Colombia, Honduras, México, Brasil… asesinan periodistas y blogueros
pero es a la expresión de sus similares cubanos -no sometidos a actos
semejantes- a los que corporaciones como BBC dedican espacios exclusivos.
Así tenemos la simpática paradoja que
convierte lo que se hace en Cuba con el respaldo de los gobiernos y
medios de comunicación más poderosos del mundo en “alternativo” o
“independiente”, mientras lo que apoyan las bloqueadas instituciones del
“conflictivo” gobierno cubano es siempre “oficialista”. Más allá del
accionar burocrático de no pocas de nuestras instituciones, cuya
inercia resulta funcional a esa lectura, me pregunto si eso tendrá algo
que ver con “dinámicas de información” y una “política de proyección
hegemónica” que, imposibilitadas de actuar directamente por el propio
bloqueo norteamericano, se proyectan a través de terceros.
¿Será posible que Europa se dedique a
promover entre nosotros verdaderos proyectos de desarrollo, o a divulgar
su enorme herencia científica y cultural, sin segundas intenciones al
servicio de Estados Unidos y dirigidas a cambiar el régimen político y
social cubano? De hecho, han existido y existen hoy algunos en la
economía y la ciencia muy útiles impulsados en Cuba por países del viejo
continente como la propia Noruega.
Por otra parte, es memorable la acogida que tuvo la visita a la Feria
del libro de La Habana del gran explorador noruego Thor Heyerdalh,
acompañado de una importante exposición que mostraba su trabajo
científico, como resulta ejemplar el Festival de Cine Francés que cada
año llena los cines cubanos como una alternativa a la inundación
hollywodense.
Pero deberían dejar, por favor, de
intentar imponernos desde Europa y Estados Unidos -acompañado de
abundantes recursos y atractivo empaque- lo que el panameño Guillermo
Castro Herrera define en su más reciente colaboración en La pupila insomne como “la falsa erudición del liberalismo en crisis” en actualizada lectura del José Martí de Nuestra América que enfrentó a Sarmiento y su importada “batalla entre civilización y barbarie”:
“La lucha
de los europeos y norteamericanos por la reconstrucción del Estado de
Bienestar identifica a su izquierda dentro del mundo realmente existente
para ellos, hoy bajo control de su derecha.
“Nuestra
demanda de construir un mundo nuevo – que sea popular por lo
revolucionario, y revolucionario por lo democrático que llegue a ser –
no es, en esta perspectiva, de izquierda.
“Ella
corresponde a la naturaleza más profunda de nuestra identidad, de
nuestras necesidades y nuestras aspiraciones, definida en la batalla
incesante contra la falsa erudición del liberalismo en crisis.”
Silvio Rodríguez ha explicado, con su particular capacidad de síntesis, la inviabilidad de esa “izquierda” de este lado del Atlántico:
“La
izquierda se identifica (y falta mucho para que eso cambie) por el
antiimperialismo. No todo el antiimperialismo pudiera ser de izquierda,
pero para ser de izquierda es imprescindible ser antiimperialista. Para
mi eso es básico. Y eso no quiere decir antinorteamericano ni anti
Estados Unidos. Eso quiere decir en contra de las políticas imperiales
hegemónicas de dominación global y regional. Al
menos en nuestras circunstancias de cubanos y latinoamericanos
considero que es así. Por eso todo el que pretende hablar como izquierda
y sólo tiene palabras para criticar y denostar a los que han logrado
hacer cosas concretas desde la izquierda, como por ejemplo tomar el
poder, para mi o están equivocados o son farsantes.”
Sobre ello escribí una vez:
“El imperialismo no es confesional, y lo sabemos no sólo por sus alianzas con el Talibán. La mejor investigación que conozco sobre la Guerra Fría cultural de la CIA demuestra con amplitud cómo Estados Unidos financió y alentó una “izquierda no comunista” contra la URSS, y Fidel, al referirse a la conspiración de ultraizquierda en Granada que abrió las puertas a la 82 División Aerotransportada, afirmó:
“Es algo que, o lo hizo la CIA, o de lo contrario no habría podido
hacerlo más perfecto”. Que exista una intención similar con Cuba dentro del
amplio abanico de acciones imperialistas contra el país, a nadie
extrañaría, más si ya hay “izquierdistas” que comulgan con la quinta
columna armada por Washington.”
El diseño para imponer aquí “la falsa erudición del liberalismo en crisis” es muy viejo, y viene siempre de la misma mano. En una carta fechada en Madrid el 29 de julio de 1991 y citada en el libro El Camaján, de Arleen Rodríguez y Lázaro Barredo, el agente CIA Carlos Alberto Montaner impartía instrucciones a sus subordinados en Cuba -Gustavo Arcos Bergnes, Oswaldo Payá y Elizardo Sánchez Santa Cruz-Pacheco, entre otros-, y les instruía dividirse entre “liberales, democristianos y socialdemócratas”. Él les explicaba:
“Estas tres tendencias
pertenecen a un arco democrático común, y conviven más o menos
armoniosamente dentro del mismo sistema de economía de mercado,
pluralismo político y defensa de las libertades. Si hubiera que
marcar diferencias, que siempre son de matices, habría que decir que los
democristianos subrayan cierto orden, los socialdemócratas la justicia y
los liberales las libertades individuales.”
Montaner también es de los que propone para Cuba “una transición pactada al estilo español de los pactos de la Moncloa en 1977” de donde viene esa “izquierda” que pasó -como Javier Solana-
de decir “A la OTAN de entrada no”, a ocupar su Secretaría General. Un
chiste muy de moda, citado por Castro Herrera, lo refleja: “los
socialdemócratas se presentan como de izquierda, se imaginan como de
centro, y en el gobierno aplican políticas de derecha”. Con el título
“La transición española y el caso cubano”, Carlos Alberto Montaner
dedica un capítulo de su libro Cuba: Un siglo de doloroso aprendizaje a lo que Arturo López Levy describe como “el mejor escenario para los intereses y valores democráticos europeos” en esta Isla.
Toda polémica en Cuba entre “izquierda y
“derecha” es falsa. El que no lo crea que recuerde a Henrique Capriles
en Venezuela lanzándose contra el proyecto emancipador de Hugo Chávez “desde abajo y a la izquierda“. Frente a ello, habría que decir como Omar Torrijos, recordado por el pensador istmeño que citamos antes: “Ni
con la izquierda, pues, ni con la derecha: con nuestra gente, en todo
lo que ella puede llegar a ser”. ¿Qué “izquierda” tendríamos aquí sino
esa que el chiste de moda describe?
Nuestra oposición: el pueblo con el poder
en real y en libre ejercicio democrático. Cada vez que fallan los
sindicatos, las organizaciones sociales y estudiantiles en su papel de
control y representación popular en la vida institucional y política,
cada vez que una asamblea de rendición de cuentas es una oda al
formalismo, cada vez que nuestra prensa da la espalda a un asunto que
afecta la vida de los humildes, se ensancha la grieta por donde avanza
el proyecto regresivo que -de distintas maneras- Washington lleva 55
años financiando.
Como ha escrito el historiador Delio Orozco:
“La libertad es
esencial para hacer felices a los hombres, pero no lo logra por sí sola,
necesita de justicia social y satisfacción de necesidades
existenciales.
“Tengo la convicción
casi absoluta, de que el uso por sí solo de cada una de líneas de
actuación supradichas, no dará resolución efectiva a nuestras
necesidades, solo la aplicación armónica, sistémica y consensuada de las
tres ofrecerá el trigo que necesita la confección de nuestro pan. La
repetición machacona de «Con todos y para el bien de todos» no hará
viable la participación de todos, es necesario hacerla efectiva; nadie,
por ilustrado o bien intencionado que sea, podrá llevar a vías de hecho
lo necesitado por todos; necesitamos gobernar con oposición y esa
oposición tenemos que ser nosotros mismos, debemos darnos el medio de
una participación real en las empresas, instituciones, organismos, en el
gobierno y a todos los niveles porque ello pondrá en manos del soberano
verdaderos mecanismos de dirección y control democráticos. El
combustible para un socialismo humano es la oposición y el control sobre
los agentes de poder en todas las estructuras; pero no solo por parte
de entidades estatales, sino, de los trabajadores, de los ciudadanos,
del pueblo; nadie más que el humilde sabe lo que el humilde necesita.”
Ya el ensayista Rafael Hernández apuntó antes al respecto, en una entrevista para este blog el 16 de marzo de 2013:
“A
fin de cuentas, el 80% de los problemas de que habla esa disidencia
antisocialista son analizados y discutidos en Cuba de manera pública,
por mayorías –y minorías– que no comparten ni las soluciones ni el
estilo político de aquella; y que en muchos casos, asumen el papel de
una oposición leal, dentro de las propias filas de la revolución, en
espacios que es necesario seguir democratizando entre todos, como parte
central del nuevo modelo socialista.”
Nada que ver con el “régimen pluripartidista” del que habla Arturo López Levy; de hecho en un comentario en Facebook, López Levy vio lo dicho aquí por Rafael Hernández como un “ataque” al uso que de ese concepto él hiciera en una entrevista pocos días antes:
“No voy a discutir cuán exacta es la aseveracion de Rafael Hernandez sobre otros grupos jugando el papel de oposicion leal, solo me referiré a su ataque al concepto mismo.”
Lenin, el
primero en utilizar el concepto que tanto entusiasma a unos y alarma a
otros en su camino común hacia el fin del socialismo en Cuba, lo definía
en base a la “exclusión de los partidos capitalistas burgueses”,
justamente lo que pretenden traernos de regreso tanto López Levy como
Montaner.
El mismo López Levy ha confesado:
“En más de una ocasión he insistido en la creación de un congreso
bicameral”, y quizás algunos fuera de Cuba han malinterpretado el
anuncio del traslado de nuestra Asamblea Nacional al Capitolio,
viéndolo como la oportunidad de implantar aquí una “clase política” -a
imagen y semejanza de sus pares capitalistas- que, en simulacro de
democracia, negocia sus contradicciones internas en lujosos palacios y
sólo se acuerda del pueblo en tiempos de elecciones. Y así, con esa
caricatura, borrar la memoria de una Revolución que prefirió sembrar la
democracia en el pueblo, multiplicando universidades, escuelas,
hospitales, instalaciones deportivas y culturales, en vez de levantar
edificios públicos imitando el culto al mármol y el bronce propio de las
dictaduras y las plutocracias.
Nuestra institucionalidad necesita
cambiar pero no para parecerse al estado burgués y sus “balances y
contrapesos republicanos” siempre -en lo esencial- desequilibrados y
desbalanceados en favor de los mismos intereses, no importa si se
provenga de la “izquierda”, el “centro”, o la “derecha”. Como dice
Castro Herrera: “Ninguno de esos costados
constituye, en verdad, una opción con respecto al régimen que se
estructura en torno a ellos – y a través de esa estructura procesa sus
contradicciones internas -, aunque en algunas de sus formas extremas
puedan parecerlo, o favorecer con su accionar la transformación de ese
régimen en otro”.
Volviendo al “aterrizaje suave”, Ichikawa termina su artículo “Si Iroel Sánchez tuviera razón”
diciendo que, de ser ciertas las hipótesis que desarrolla en sus posts,
la polémica entre quienes apoyan el bloqueo y otra tendencia “partidaria discreta del cambio de régimen en Cuba” sería “una
estafa, o una farsa: una puesta en escena propiciada por otros
intereses mayores donde ambas convergen”. Sin compartir sus análisis,
vale decir que de farsas y estafas está llena la historia de la
injerencia de Estados Unidos en América Latina, a través de terceros
países o por manu propria; lo de la CIA ordenando a sus intelectuales pagados condenar su propio golpe militar en Guatemala no es una ficción.
Guillermo Castro Herrera explica muy bien la diferencia entre lo que nos ha traído hasta aquí y lo que nos quieren imponer:
“…frente al capitalismo y el Estado burgués de su tiempo – que fue por excelencia el del liberalismo triunfante -, Marx no
se consideró nunca a sí mismo como un político de izquierda, sino como
un antagonista que luchaba por un régimen económico y un ordenamiento
estatal distintos en forma y propósito.
“Lo mismo puede decirse
de las otras personalidades que dieron forma y proyecto a la filosofía
de la praxis en las condiciones de la transición del siglo XIX al XX,
desde Rosa Luxemburgo y Vladimir Lenin hasta Antonio Gramsci.
“Por contraste con
ellos, por la misma época pasaron a ser “de izquierda” aquellos de sus
compañeros de ruta que buscaron y encontraron un lugar para sí mismos
como segmento crítico del mismo régimen que los socialistas y comunistas
de origen buscaban derrocar.”
En Cuba conquistamos el derecho a fundar y
defender, frente a formidables obstáculos externos y errores de nuestra
propia cosecha, “un régimen económico y un ordenamiento estatal
distintos en forma y propósito” que ha logrado niveles de democracia,
justicia social y soberanía nacional imposibles bajo el orden
capitalista neocolonial y aunque necesita ser, a su vez, transformado,
esa transformación no puede ser en el sentido de regreso la “normalidad”
prerrevolucionaria, como cada vez de manera más desembozada se proclama
por algunas voces y denuncia insistentemente Fernando Martínez Heredia.
El Presidente Raúl Castro, ante la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, explicó claramente el sentido de esa transformación:
“Si
hemos escogido soberanamente, con la participación y respaldo del
pueblo, la opción martiana del partido único, lo que nos corresponde es promover
la mayor democracia en nuestra sociedad, empezando por dar el ejemplo
dentro de las filas del Partido, lo que presupone fomentar un clima de
máxima confianza y la creación de las condiciones requeridas en todos
los niveles para el más amplio y sincero intercambio de opiniones, tanto
en el seno de la organización, como en sus vínculos con los
trabajadores y la población, favoreciendo que las discrepancias sean
asumidas con naturalidad y respeto, incluyendo a los medios de
comunicación masiva.”
Por más que lo ha intentado, EE.UU. nunca
ha logrado comunicar la intelectualidad cubana con la
contrarrevolución. Para que su proyecto tenga éxito hay que instaurarlo
en la mente de sectores de alta influencia social: profesores
universitarios, jóvenes blogueros… y para eso nada mejor que un evento
importado, donde prestigiosos académicos cubanos convivan con los
asalariados de EE.UU. y se invite a gente joven con inquietudes
intelectuales. Alguno de ellos, autodefinido como “de izquierda”, ha
terminado con una confusión tal que -orgulloso de coincidir con López
Levy- ha pedido la proclamación del pluripartidismo y la creación en
Cuba de una “Comisión de la Verdad”, al estilo de Argentina, Uruguay y
Brasil, como si el paisaje suramericano de desaparecidos, torturados,
ejecuciones extrajudiciales, cárceles secretas y genocidios- provocados
por la Operación Cóndor, organizada por los mismos que financian la
“oposición” aquí y en la que participaron gente que la aplaude como Luis Posada Carriles y Félix Rodríguez Mendigutía-
fuera la realidad cubana. Tanto rigor histórico y académico merecería
recibir la correspondiente invitación del gobierno noruego para visitar
Oslo, ya dijo
Jason Epstein que en el “tren clandestino privilegiado” operado por la
CIA en su guerra fría cultural, el talento no es lo decisivo y los
“vagones de primera clase no siempre estaban ocupados por pasajeros de
primera clase”.
No creo que el camino sea cerrarnos, con miedo a la confrontación ideológica. Sin embargo, tampoco
se puede ser ingenuo y actuar como si esa confrontación no existiera
junto al dinero y los planes para acabar con la Revolución. Ya dije, “bienvenido el debate y la pluralidad de ideas”, pero cuando en el exacto lugar que dio tribuna en Cuba al inefable Carlos Saladrigas -amigo de las célebres operaciones estadounidenses ZunZuneo, Piramideo y Raíces de Esperanza-
“izquierda”, “centro” y “derecha” son convocados bajo una sola bandera
-en este caso vikinga- hay que mirar detrás y percatarse de lo que los
une: la intención de quien paga.
El objetivo del “cambio de régimen” y la
“secuencia” están bastante claros, sólo falta convencer a millones de
cubanos en Cuba. Y eso es un poco más difícil, es una tarea demasiado
grande para empleados vikingos -ingenuos o conscientes- por más dinero
que porten desde Estados Unidos y los fríos mares de Noruega.
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