“La familia Payá, contrario a las enseñanzas de la iglesia y de la propia doctrina social católica, continúa utilizado el escenario religioso para hacer política.” |
Por: Dr. A.M.G.D.
Recorre el mundo la noticia de que el papa Francisco recibió a los miembros de la familia Payá.
Los aspectos vinculados con la noticia
nos informan (o desinforman) sobre algunos elementos que a nuestro
juicio deben ser analizados con detenimiento. En este propósito, les
propongo que vayamos por parte.
Según el reporte de la agencia EFE, de
larga experiencia conocida y comprobada en los asuntos vaticanos, el
papa Francisco recibió el miércoles 14 de mayo de 2014 en el Vaticano y
en audiencia privada, a la viuda e hijos del fallecido líder opositor
cubano Oswaldo Payá en la residencia del pontífice ubicada (a partir de
los cambios que introdujo el propio papa Francisco) en el Hotel Santa
Marta, en el interior del Vaticano y muy cercano a La Puerta del
Peregrino, una vía de acceso muy conocida para ingresar por la parte
trasera de la Catedral de San Pedro Apóstol.
Esta entrada permite al visitante
disfrutar de una inigualable vista posterior de la catedral, del frente
del edificio de los padres penitenciarios, de la gasolinera, la rotonda
con su fuente y de una parte de los jardines vaticanos. Los que hemos
disfrutado ese escenario, guardamos un grato recuerdo del mismo.
Algunas de las fuentes consultadas (EFE,
El Mundo), coinciden en que el encuentro comenzó a las 09.22 horas
locales (07.22 gmt) y tuvo una duración de 23 minutos, según informó el
Movimiento Cristiano de Liberación (MCL), que fundó el propio Payá, en
su página en Internet.
Sin embargo, martinoticias.com (también consultada para este ejercicio), recoge que: “en el encuentro con Francisco, de una media hora de duración”.
Ojo con esto, ya comenzaron a alargar y cambiar la información en
relación con el tiempo del encuentro, cosa habitual si de
martinoticias.com se trata, pero destaco que no es lo mismo 23 minutos
que media hora cuando del protocolo Vaticano se trata.
Otro elemento importante a considerar.
Resulta muy, pero que muy llamativo que sólo la pagina de Internet del
MCL fuera la que informara el tiempo del encuentro y que fuera utilizada
como referencia informativa por EFE. Cabe preguntarse por que no fue la
EFE la que informara del tiempo consumido en el evento, contando como
conocemos con una oficina en roma y un nuevo periodista encargado de
cubrir el Vaticano. El MCL no cuenta con representación informativa en Roma y eso de fiarse en quien no está en el momento de la noticia, le resta seriedad a las fuentes cuando de periodismo se trata. Las agencias de información vaticana no han emitido información ni elementos valorativos sobre el encuentro. Esto habla por sí mismo.
Otro elemento a considerar con la
audiencia privada: lo sucedido nos trajo inmediatamente a la memoria lo
relacionado con el recibimiento del papa en audiencia privada y también
un miércoles, del tristemente conocido opositor venezolano Capriles. En
cuanto terminó dicha audiencia privada, y recalcamos lo de privada, lo
primero que realizó Capriles fue dar una conferencia de prensa donde
informó todo lo tratado. El Vaticano guardó silencio sobre lo discutido.
Capriles era la única fuente que podía ser citada por los medios.
Ahora se repite lo mismo. El
vaticano, cuidadoso, selectivo y metódico en sus acciones, recibe a la
familia Payá en una audiencia privada y en cuanto esta termina, los
participantes y el MCL se encargan de romper el silencio para
diseminar los temas tratados. Pareciera que los funcionarios de
secretaria de estado (institución por la cual tenemos un gran respeto)
encargados de preparar el encuentro, no son lo suficientemente claros en
eso de que si el encuentro es privado, no es para hacer públicos los
temas que se traten. Estoy seguro que los Payá fueron alertados e
incluso le recordaron con tacto y la habilidad diplomática que los
caracteriza que en ocasiones la mano izquierda no debe saber lo que hace
la derecha, como recogen los evangelios. No por gusto la iglesia se
reconoce como “madre y maestra en humanidad”.
Pero resulta lógica la actitud de los
familiares de Payá, del MCL y de Capriles, ellos deben justificar
algunos gastos, trabajar en el mercado, intentar fortalecer su gastada
imagen de opositores, reunir meritos ante el amo, sino, no cobran. Eso
lo sabe también el Vaticano.
Como conocen de las serias discrepancias y
los ataques directos de Payá y del MCL a la Iglesia Católica Cubana por
sus acciones en busca de diálogo y comunicación con las autoridades
locales. Como también conocen de la manipulación que se efectuó de la
visita de Payá al Vaticano donde fue colocado en una fila y el papa Juan
Pablo II le dió la mano, lo cual después de tradujo como un “encuentro
de intercambio franco y amistoso” con el objeto de poder manipular y
plantear que paya había sido recibido por el papa. Las contradicciones
saltan al análisis. La coincidencia del saludo nos recuerda como se
manipuló cuando el papa Francisco saludó a Berta Soler de forma pública y
en la Plaza San Pedro.
Las fuentes consultadas coinciden en
citar solo al MCL (otro elemento que deseamos resaltar) para destacar
que los temas tratados por los miembros de la familia paya que
asistieron a la audiencia con el papa, estuvieron vinculados con la
represión, la realidad de los cubanos y la situación de la Iglesia
Católica en Cuba.
Sabemos que al papa no le es necesario
contactar con la familia Payá para obtener información directa y
confiable de estos elementos y menos de la situación de la Iglesia
Católica en Cuba, tema sobre el cual los Payá (y ellos saben bien que es
así) son los menos indicados para pronunciarse, sin negarle por ello el
derecho a emitir sus criterios. Pero para el papa será solo
eso, las impresiones de cuatro familiares que han utilizado el escenario
religioso para hacer política, lo cual es contrario a las enseñanzas de
la iglesia y de la propia doctrina social católica. Eso también lo sabe el Vaticano y muy en especial el papa.
Nada se habla del viaje a Roma a costa
del contribuyente norteamericano cuyo dinero se utiliza para pagar y
costear un viaje de sueño y un encuentro que muchos norteamericanos,
católicos o no, nunca podrán ver hecho realidad: el privilegio de
conocer y compartir con el papa Francisco.
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