Por Gladys Esther
Señalizadas por sus vidrieras, el
mobiliario de la época, el ronroneo de las máquinas y el suave balanceo
de las mecedoras, las bellas casonas de las calles, Obispo una, y
Obrapía la otra, unidas por un patio interior, constituyen la sede de
Quitrín, proyecto llevado adelante por la Federación de Mujeres Cubanas
(FMC).
En su interior, ante las perchas, diseños
ilustrados y mucha pasión, su directora Nadia González Álvarez conversa
sobre los planes inmediatos para este nuevo período. «Tenemos grandes
retos. El principal es el cumplimiento de los planes de producción y
ventas, así como lograr un mayor crecimiento en las matrículas de los
cursos comunitarios.
«Trabajamos una nueva colección,
manteniendo nuestra línea, pero que satisfaga de forma integral a la
clientela con las tendencias actuales. Por un lado, algunas propuestas
más comerciales, el resto se mantienen como prendas exclusivas. Y como
se acerca el IX Congreso de la Federación, pretendemos saludarlo como
merece, con una colección fuerte y atractiva. Además, en el propio marzo
arribamos a un nuevo aniversario de nuestro centro. Muchos motivos para
el esfuerzo y el júbilo.
«Otro aspecto importante es comenzar las
labores de restauración del inmueble, y con ello rescatar un grupo de
actividades que hoy no podemos realizar».
Han desarrollado una línea creativa con sello propio, que se mantiene a través de tantos años. ¿Cuál es el secreto?
«Se debe, en gran medida, a la
incorporación de los detalles artesanales. Las manualidades que atesora
la tradición. Dígase, puntas, entredós, bordados, deshilados… y las
alforzas, las alforzas nuestras que no se parecen a otras.
«Nosotras, las diseñadoras de Quitrín,
trabajamos sobre líneas clásicas, incorporando elementos de la moda del
vestir internacional, pero cuidando siempre que perdure y trascienda ese
sabor cubano que dan los materiales, tejidos, hilos y los ornamentos.
En esencia, partimos del uso de las fibras naturales como el algodón y
el lino. Nuestros diseños siempre se ven frescos, como acabados de
hacer. Muchos turistas que regresan a Cuba cada año vienen en busca de
modelos que ya llevaron tiempo atrás.
La mayoría siempre regresa al centro. Incluso algunos desde sus países mandan a buscar una que otra pieza.
Clientela fija que incluye a gente de
fama que cuando viene a Cuba generalmente pasan por nuestra tienda. Uno
de ellos es Harry Belafonte y su familia.
«En cuanto a los nacionales, muchas
muchachas se casan con vestidos de Quitrín. Y de los Quinces, no te
tengo que decir… son bastante habituales. Hay que ver en las ferias como
buscan nuestro stand. Saben que siempre llevamos buenas ofertas en
cuanto a precios y variedades».
¿De acuerdo con las ventas, cuáles son las prendas más valoradas?
«La ropa de mujer es la más vendida. Hay
preferencia por las blusas, los vestidos, y también la guayabera de
hombre ocupa un lugar importante en nuestras estadísticas. Tanto la
guayabera típica tradicional, como las versiones más actuales son muy
bien recibidas, sobre todo por los europeos».
Para ustedes, la capacitación ha sido fundacional y base, ¿a cuántas personas han preparado?
«Entre los objetivos fundamentales la
capacitación tiene prioridad. Así garantizamos el rescate y la
perdurabilidad de los conocimientos de las técnicas artesanales de
tejidos, como el crochet, frivolité, miñardí, los bordados a mano…, la
randa, todo tipo de incrustaciones… Imagínate, ya han transitado más de
50 mil mujeres por nuestros talleres de aquí de la capital, y luego
los que se realizan a partir de los centros de Varadero y Santiago de
Cuba.
«La capacitación en las artes de estas
técnicas que prácticamente habían desaparecido y el rescate de las
tradiciones en el vestir cubano, objetivos prioritarios, han sido
cumplidos. Estas habilidades se han desarrollado a lo largo del país.
Existen fundaciones de Hermandad de Tejedoras, surgidas a partir de los
conocimientos adquiridos en nuestros talleres y también muchas artesanas
se han preparado y enriquecen este trabajo que vincula a las nuevas
generaciones en el arte de tejer y bordar. Ese es uno de nuestros
principales aportes. Nos distinguimos por ser los primeros en ese
empeño, por mantener nuestra línea en los diseños y la calidad de
nuestras producciones».
Además de las tiendas, ¿dónde muestran sus propuestas?
«Nuestra presencia en FIART es obligada.
Allí exponemos y comercializamos. Al igual que en muchas otras ferias
del Fondo Cubano de Bienes Culturales, en centros de trabajo, plazas,
hoteles, teatros, espacios en la televisión… La gente nos busca. En el
2012 obtuvimos Mención en FIART con la colección Rompimiento. En esta
ocasión los diseños incluían el tejido de lino blanco y negro, al igual
que los ornamentos. Realmente fue un rompimiento con el blanco total que
nos distingue, conservando la esencia de nuestra línea clásica y estilo
refinado. El sentido de pertenencia que crea esta casa es grande.
Muchas trabajadoras, cuando se jubilan, regresan.
«Y para el Congreso de nuestra
Federación presentaremos una nueva colección de vestuario que
expondremos como parte de las actividades de apoyo. Tarea que servirá,
además, para celebrar el 16 de marzo un nuevo aniversario de la
fundación de nuestro centro».
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