Por: Alina Perera*
La noticia es sin dudas de las más
importantes en las últimas horas: enviará Cuba a África 165
colaboradores para enfrentar el ébola. El grupo está constituido por 62
médicos y 103 enfermeros, quienes poseen más de 15 años de experiencia
profesional, según informó el ministro cubano de Salud Pública, Roberto
Morales Ojeda, en conferencia de prensa conjunta con la directora
general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan.
Según reporte de Prensa Latina, que puede
leerse en las páginas de nuestro diario, este viernes la Isla anunció
su participación en el esfuerzo global coordinado por la OMS para el
enfrentamiento al ébola en África Occidental.
Durante la conferencia de prensa alguien
preguntó a Margaret Chan qué reflexiones le motivaba que un país pequeño
como Cuba haya sido el primero en dar respuesta al llamado de la OMS al
mundo para enfrentar la tragedia del ébola con algo que no se fabrica
de un día para otro y que está urgiendo —más allá de los recursos, del
dinero—: la gente.
El suceso, una vez más, muestra a Cuba
tal cual es: grande en sus recursos humanos; lista para dar lo que más
tiene: corazón e inteligencia. El grupo que va camino a África se
caracteriza porque todos sus miembros han laborado en otros países ante
desastres naturales y epidemiológicos, así como en misiones de
colaboración médica, en muchos de los casos, en más de una vez. Y cada
uno de ellos ha expresado la disposición de trabajar voluntariamente en
una tarea que, para nadie es secreto, es de altísimo riesgo, al punto de
que un mínimo desliz puede costar la vida.
No los conozco, me gustaría verles el
rostro en primer plano, pero basta con entender de qué ayuda estamos
hablando para afirmar que cada uno de los 165 cooperantes de la Isla son
seres humanos muy especiales: van a un combate por la vida, muy
difícil, tanto, que me hace recordar la labor de quienes en un grupo de
combate tienen la misión de desactivar explosivos, solo auxiliados por
la ecuanimidad, la destreza y el conocimiento del oficio.
Un pensamiento estándar, anclado a la
lógica de la vida común, podría plantear el asunto de este modo: «¿Qué
necesidad hay?». Pero estamos ante un valor que solo se da ante
situaciones excepcionales —el altruismo—, y que solo nace del cultivo
depurado y tenaz en un escenario social que a pesar de tantas
adversidades ha apostado siempre a lo mejor del ser humano.
Lo de Cuba no es alarde sino un asunto
esencial, un episodio coherente dentro de una saga de solidaridad que no
se ha detenido, desde que tenemos Revolución, ante terremotos,
epidemias, cegueras literales, ignorancias, inundaciones bíblicas. Una
saga que ahora vuelve a poner la mirada sobre África, la madre enferma
que no puede sola con el destino al que parecen haberle inclinado los
conquistadores de este mundo.
Más de una interrogante, durante la
conferencia de prensa, indagó por la decisión de que los colaboradores
cubanos vayan a Sierra Leona y no a Liberia, donde la situación es
obviamente crítica. El titular cubano de salud habló de no dispersar
esfuerzos, de concentrar voluntades en un mismo lugar, también
necesitado de ayuda, y de estar al tanto por que los nuestros
administren sus energías, no se agoten a riesgo de errar. Porque esa es
también Cuba: la que no deja sola a sus hijos, la que se da sin
miramientos pero sin improvisar, la que traza sus tácticas y
estrategias, porque el amor también puede desgranarse inteligentemente.
Porque este nuevo paso al frente impone el desafío enorme de acorralar
la enfermedad terrible y voraz, y no dejarla salir a parte alguna.
En honor a la justicia, que no al amor
propio exagerado, hay que decir que la respuesta de Cuba pone una nota
de luz en un mundo enfermo, donde parece estar quebrada la esperanza,
donde solo hemos escuchado hablar últimamente de pueblos arrasados,
matanzas de niños, persecución de minoría étnicas o religiosas,
decapitación de rehenes.
La respuesta de Cuba es señal de que la
especie tiene un camino que no conduce inexorablemente al abismo; y
desde luego, signo alentador para nosotros mismos de lo que somos
capaces, porque batallas hay muchas por dar en este mundo, y otras
muchas, nada simples, nos esperan en nuestra propia casa.
Texto tomado de la publicación: http://www.juventudrebelde.cu
Fuente: blog Cinereverso de Octavio fraga Guerra
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