Por: José Luis Rodríguez
La
colaboración internacional brindada por Cuba a otros países es un tema
cuyo análisis objetivo no abunda en los medios de casi todo el mundo.
Sin embargo, en los últimos tiempos han aparecido referencias al tema en
diversos trabajos que cuestionan el cobro de servicios a un grupo de
naciones que se encuentran en condición de compensar sus elevados
costos. Da la impresión de que este tipo de consideraciones busca
trasladar la imagen de que el país persigue ganancias millonarias con la
asistencia médica o educacional que brinda a otros pueblos, o que trata
de adquirir influencia política a cambio de esos servicios.
En
este sentido, resulta importante recordar que tras el triunfo de la
Revolución cubana ha habido pruebas, durante más de 50 años de vocación
humanista y solidaria, que desmienten otras interpretaciones con las que
se pretende juzgar la comercialización de servicios de fuerza de
trabajo calificada que el país exporta en la actualidad.
Desde
que Cuba formó una brigada médica para ayudar a las víctimas de un
fuerte terremoto que azotó Chile en 1960 –en medio de la deserción
masiva del 50% de los del país que marcharon a los Estados Unidos– hasta
el pasado año, el país envió 836 142 civiles a 167 naciones diferentes
como ayuda para enfrentar graves carencias, especialmente en la esfera
de la salud. De esa cifra actualmente permanecen trabajando más de 64
362 especialistas en 91 países, unos 48 270 como personal de salud,
incluyendo alrededor del 20% de los médicos del país.
Durante los primeros años de la Revolución, la asistencia médica se
otorgó prioritariamente a aquellos países que luchaban por su liberación
y que –a su vez– presentaban situaciones sanitarias críticas. De tal
modo, dos de las brigadas médicas más importantes de aquellos años se
dirigieron a Guinea y Tanzania. Esa línea de acción en África se
extendería hasta los años 70 y 80 del pasado siglo, con una
participación destacada de nuestro personal médico en Angola y Etiopía.
En
los años 90 se estableció el Programa Integral de Salud, mediante el
cual se dio un enfoque más efectivo a la asistencia brindada por Cuba,
incluyendo los medicamentos, equipos médicos y preparación de personal.
Los
desastres naturales a partir de los huracanes que azotaron
Centroamérica y Haití en 1998-99, así como las inundaciones en el estado
de Vargas, en Venezuela, generaron el despliegue de brigadas médicas
cubanas integradas por cientos de especialistas que posibilitaron una
mayor eficiencia en el trabajo asistencial.
Una
estructura más especializada en el enfrentamiento emergente a desastres
naturales se creó con la Brigada Henry Reeve en 2005, que ofreció sus
servicios al gobierno de los Estados Unidos para enfrentar los efectos
del huracán Katrina en Nueva Orleans. Este ofrecimiento inicial no fue
aceptado pero la brigada cumplió hasta el 2012 doce misiones en
diferentes países, especialmente en Pakistán, con 2 250 efectivos para
hacer frente a las consecuencias de un fuerte terremoto, y nuevamente
debido a un terrible huracán en Haití, con 923 participantes en
2010-2011.
En
lo referido a la preparación del personal médico por parte de
especialistas cubanos, entre 1976 y 2005 Cuba fundó escuelas de medicina
en Yemen, Guyana, Etiopía, Uganda, Ghana, Gambia, Guinea Ecuatorial,
Haití, Guinea Bissau y Timor Oriental. A ello se añadiría la creación de
la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) en 1999, que ha graduado a
más de 20 mil médicos desde entonces, y el Programa de Formación de
Médicos venezolanos, que tenía una matrícula de 30 mil jóvenes en 2012,
entre los proyectos de mayor envergadura.
Además
de todo lo anterior, en el ámbito de la colaboración internacional
brindada por Cuba no puede pasarse por alto que también en la esfera de
la educación se ha brindado una importante contribución. Basta señalar
los más de 1 200 maestros que enseñaron en Nicaragua a inicios de los
años 80 y los 21 mil profesores que integraron el Destacamento
Pedagógico Internacionalista Che Guevara para impartir docencia entre
1978 y 1984 en Angola. A ello habría que añadir la implementación del
método de alfabetización “Yo sí puedo”, que ha beneficiado al menos a
8,1 millones de personas en 29 países.
Hasta
2004 todas estas misiones fueron asumidas mayoritariamente con recursos
aportados por Cuba. De tal forma, siguiendo la metodología empleada
entonces para calcular la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), se estimó
que en los años 80 Cuba destinó a ese objetivo el 0,72% de su PIB, cifra
que se elevaría al 2% en 2004, muy por encima del compromiso de 0,7%
asumido por los países más desarrollados del mundo, pero escasamente
cumplido solo por un pequeño número de ellos.
La
enorme magnitud de ese esfuerzo fue valorada en diciembre de 2004
cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, propuso que la masiva
asistencia médica que Cuba brindaba a su país desde años anteriores
pasara a ser un bien transable y –por tanto– fuera compensada
monetariamente a partir de los recursos de Venezuela como país
petrolero.
Fue
a partir de esa decisión cuando –tomando en cuenta el monto de los
recursos que ya se empleaban en el caso venezolano, y considerando las
favorables condiciones económicas de ese país– se comenzaron a cobrar en
una magnitud importante los servicios médicos brindados por Cuba, así
como otros servicios en las esferas de la educación y el deporte
básicamente.(Continuará)
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