Víctor Angel Fernández
En reiteradas ocasiones es posible leer o escuchar en la llamada gran prensa internacional, artículos contentivos de críticas al quehacer cubano.
Los objetivos preferidos siempre están
alrededor de la educación y de la salud. No obstante, es bueno aclarar
que no siempre esta diatriba se expresa en el contexto,
sino que muchas veces se produce por simple y llana omisión. Así,
cualquier informe que refleje las situaciones de la región o del mundo
en estos dos campos, lleva el silencio si los datos de la Isla se
encuentran en un nivel superior a la media regional o incluso global.
A veces hasta algunas publicaciones
oficiales de organismos internacionales, cometen estos deslices. Así en
la columnas favorables a nuestros logros, se muestra una marquita de
“datos no disponibles”, mientras que en las de posible rasguño, aparecen
números aproximados que nadie imagina de dónde salieron. Las camas de
hospitales, los alumnos por aulas, los médicos por persona, ocupan las
tablas huérfanas, incluso reconociendo la responsabilidad que se tenga
por el insuficiente suministro de datos, desde dentro de Cuba.
Entre tanto, los datos de analfabetismo, enfermedades y carencias,
cualesquiera que sean, aparecen bien documentadas en el segundo grupo de
tablas.
Muchos medios están sumados a este proceder, pero El Mundo, ABC y El País
en España, son tres de los abanderados de estos no-análisis sobre el
tema. Como ejemplo, mientras que América, como promedio dedica a la
educación, poco más del 4 por ciento del PIB y Cuba, con todos los
problemas que la achacan, dedica casi el 10 por ciento. ABC, no
va más allá de comentar las dificultades de esta parte del mundo para
cumplir las metas educacionales en 2015, y oculta, o no es de su
interés, destacar los logros cubanos, donde esas cotas inalcanzables
para muchos, ya han sido superadas en la mayor parte de los índices
fijados. Claro, los datos cubanos parecen ser secretos y sólo están
disponibles para aquellos que puedan acceder al sitio web de la cubana Oficina Nacional de Estadísticas e Información.
En otros casos, si llega a hablarse de la
educación cubana, entonces sólo se destaca el consabido sonsonete del
“adoctrinamiento ideológico” y todas sus frases sinónimas, esgrimidas a
conveniencia de El País y alguno de sus corresponsales, más o
menos oficiales. Como decía en un artículo anterior, me quedo con la
doctrina repetitiva de ayuda, desprendimiento, salud y enseñanza y dejo a
los otros con sus propuestas.
Por ese camino y ya que siempre somos el
punto de mira del hablar o del silencio cómplice, quisiera optar por el
desquite y mencionar a nuestros analizadores.
El pie para la rima me lo ofrece una información publicada el 15 de septiembre de 2014, en El Mundo, para que no puedan decir que la cita es del rojo Granma. El periódico español expone en un titular: “El dinero en becas cayó 75 millones el curso pasado”,
y a continuación amplía que “De los 1.483 millones que se destinaron a
becas en 2012/2013 se ha pasado a 1.408 millones de euros en el curso
2013/2014. El número de beneficiarios ha aumentado de 765.949 a 777.394
estudiantes”.
Si aumenta el número de beneficiarios y
disminuye el dinero a compartir, ello suena como que, al disminuir lo
distribuido y aumentar los destinatarios, se disminuye lo recibido o,
como decimos por aquí: la miseria es lo único que repartido entre más
tocas a más.
Continuando con las aprendidas
operaciones aritméticas y con otra simple división,obtenemos que esos
números significan 1811 euros anuales por becado, o sea, unos 150 euros
mensuales.
Cualquiera que reciba el dato, sin tener
mucha información para comparar, repetirá la manida frase de que: eso es
mucho más de lo que recibe cualquier persona en Cuba, sea estudiante,
obrero o científico destacado.
Pero no están en Cuba, sino en España y
al seguir buscando datos, obtenemos que, y cito otra publicación
ibérica, “para vivir en España con un nivel básico o medio, se necesitan
aproximadamente 1500 euros mensuales, con algunas diferencias entre
Madrid, Barcelona y otras ciudades menos desarrolladas. Estas cifras se
refieren a personas que viven solas, pues cuando existen niños, los
dígitos aumentan en unos 300 euros por cada nuevo infante”. Algo así
como diez veces menos de lo que ofrece la beca. Aclaro que la
publicación de donde se toman estos datos, deja explícito que utiliza
como fuente el Ministerio de Empleo y Seguridad Social del Gobierno de
España.
Siguiendo con los números. Sólo para una
vivienda de 60 metros cuadrados, pensando en cocina, baño y dos
habitaciones, que puede ser compartida por cuatro estudiantes (4 x 150
euros), con el dinero de la citada beca, no alcanzará para cubrir los
670 euros mensuales de alquiler. De ahí en lo adelante, los gastos
básicos de electricidad, teléfono y agua… ah… y alimentarse, no me
imagino de dónde los sacarán.
Las soluciones para completar el dinero
de matrícula, vida, libros, talleres e investigaciones de los
estudiantes españoles, termina saliendo de alguna ayuda familiar, cuando
existe y de una vieja variante que ya aparecía en Rosas a Crédito:
endeudarse hasta los huesos, aún sin haber iniciado la primera clase y
después, si logran conseguir trabajo, dedicar años al pago de esos
haberes. A lo mejor por ahí andan las razones de las huelgas y los
reclamos estudiantiles. Vaya… digo yo… y que Dios me perdone si ese no
es el camino para la solución.
Valga la digresión y sólo a modo de
ejemplo, la presentación de una pareja latina en cierto programa
norteamericano de participación con grandes cifras en premios: “Nosotros
venimos al programa para pagar nuestra deuda de estudios. La mía es de
80 mil dólares y la de mi novio es de unos 120 mil”. El programa sólo
llegó a ofrecerle un limitado premio de cinco mil. Algo así como un
terrón de azúcar para endulzar el Atlántico.
Las estadísticas son públicas, los
análisis, de ellos, no siempre quieren hacerse. Las cifras nuestras,
también son públicas. Los análisis, cuando nos benefician, tampoco
quieren hacerse. Entonces me pregunto si ellos hablan de nosotros, ¿por
qué también nosotros, no tenemos el derecho de hablar de ellos? Y, dado
lo reiterativo de la posición “analítico-quirúrgica” hacia nuestros
problemas, me parece que no sólo derecho, sino también, tenemos el deber
de exponer nuestros puntos de vista.
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